“La utopía no tiene nada que ver con soñar una sociedad ideal haciendo abstracción de la vida real: la utopía es una cuestión de la más profunda urgencia, algo a lo que estamos impelidos como asunto de supervivencia, cuando ya no es posible seguir viviendo dentro de los parámetros de lo posible.” Slavoj Žižek
Segunda edición: se ha revisado y ampliado el contenido en [26.03.2026]
Al leer los post sobre Cultura y Gestión Cultural, es posible reconocer lo que hace en esencia un(a) Gestor(a) Cultural: si cultura no es solo arte, sino mentalidad y convivencia; y gestión es cuidar procesos, entonces un(a) Gestor(a) Cultural es quien sabe cuidar procesos, de modo que las mentalidades, el arte y la convivencia puedan desarrollarse y sostenerse en el tiempo.
Pero nos merecemos un poco más de detalle sobre lo que hace un(a) Gestor(a) Cultural. Para eso seguiremos la conversación con quién nos ha acompañado a lo largo de esta trilogía, el investigador en estudios culturales, el doctor Víctor Vich, quien comenta en su libro Desculturizar la cultura (2014) que la labor un(a) Gestor(a) Cultural se sitúa en un campo disciplinar que abarca:
«tanto lo técnico como lo político; lo dado, pero también lo posible; la realidad, pero además una nueva imaginación política»

Unknow Artist (s.f.). «Infinite Line». Adobe Stock
Eso quiere decir que un(a) Gestor(a) Cultural debe saber trenzar 2 ejes fundamentales:
- Primero: sobre la realidad, lo que existe, lo que está dado. Entre ellos, los aspectos «técnicos» de la profesión.
- Segundo: Sobre la nueva imaginación política, lo que es posible, es decir, lo que podría existir más adelante.
Desde la realidad #elaquíyahora

@sugitayo37 (s.f.). «Group of people at work meeting». Freepick
En este sentido, dice Vich que la acción de un(a) Gestor(a) Cultural parte de los aspectos técnicos de la profesión como:
Reconocer «problemáticas locales
Debe conocer bien la producción cultural existente,
Saber elaborar planes transversales de intervención social
Ser eficiente en su ejecución y evaluación de programas, planes o proyectos.
Eso quiere decir en términos concretos que, el profesional de esta área, debe conocer el territorio desde el todo cultural y con base en ese conocimiento, crear soluciones a las necesidades evidentes o urgentes de sus habitantes.
Desde la nueva imaginación política #elporvenir

Unknow Artist (s.f.). «People Dancing». Pinterest
Por otro lado, Vich invita a la gestora o al gestor cultural a mirar y pensar fuera de la caja, para «crear nuevas imaginaciones políticas». Y esto se puede entender de dos maneras:
- La primera sería optar «por quebrar las formas en que hoy se sutura lo posible a fin de activar nuevos imaginarios sociales»
- Esto me mueve a entender que un(a) gestor(a) cultural debe desafiar el statusquo, creando condiciones para que se cultive y florezcan nuevas formas de pensar el mundo, por ejemplo, propiciar el desarrollo de lo que una comunidad sueña alcanzar.
- La segunda, sería entender lo político como «practicar lo que la política dominante declara imposible».
- y esto me mueve a entender que un(a) auténtico(a) gestor(a) cultural crea las condiciones para trenzar el nuevo pensamiento con la nueva práctica, el nuevo hacer, pese a las voces que digan que es imposible.
Entonces, para Vich, un(a) Gestor(a) Cultural además de su saber técnico, tiene un reto enorme: ser un agente disruptivo. Por disruptivo entendemos un tipo de proceso mediante el que un producto, un servicio o una solución rompe con las normas en un mercado ya asentado, y que «exige asumir riesgos e invertir, para generar cambios revolucionarios que desafían las normas establecidas» (Mathew Herber).
Así las cosas, es posible reconocer que el encargo fundamental de quien se dice o proyecta como Gestor(a) Cultural consiste en tejer puentes entre la realidad y la imaginación; ser un mediador y abrir caminos para formular planes, programas y proyectos que sean capaces de poner en diálogo la conservación y la innovación en la mentalidad, el arte y las formas de vivir juntos.
Desde INDIGOcultural #aquiyahoraelporvenir

@moganji (2019) «Fishes» Instagram + Art2030
En INDIGOcultural además de incorporar en nuestro ADN el principio de cultivar la capacidad de trenzar lo visible (realidad) y lo invisible (imaginación), el encargo fundamental de este laboratorio creativo de innovación cultural es trabajar por deshacer de raíz los ciclos viciosos de los EGOismos (esos que como humanidad nos han hecho poco sostenibles), tejiendo puentes para cocrear nuevas formas de imaginar y prácticar ECOlogías, ciclos virtuosos donde se privilegien las condiciones para que emerja el equilibrio entre lo humano, lo económico, lo tecnológico y lo ambiental.
Cierre de la Trilogía
Con este post cierro el ciclo de la trilogía Cuerpo (Gestor Cultural), Mente (Gestión Cultural) y Espíritu (Cultura), al estilo INDIGOcultural, con la intensión de leer sus respuestas a la pregunta que ha guiado este recorrido:
¿Hacía dónde es posible movilizar la Gestión Cultural más allá de sus circuitos tradicionales?
La conversación continúa para construir juntos una auténtica inteligencia colectiva que sepa desenmarañar el enredijo en que se nos ha convertido vivir y convivir, especialmente como gestores y emprendedores culturales, artísticos y creativos en este siglo XXI… que tengamos la valentía de co·construir una inteligencia humanista que nos reconecte con nuestra naturaleza de creación y acción colectiva.
Gracias a todos por la lectura, por comentar y compartir.
Autor
Comunicadora y Productora Audiovisual, maestra en Gestión de la Cultura.

Comments (3)
Desde el título, el artículo es contundente, honesto y necesario! Te plantea la realidad y te da entusiasmo para ir por más
Vivían, muchas gracias por el artículo. Hace todo el sentido! Creo que el rol de gestor cultural tiene una capacidad única de influencia a los demás (desde la sensibilidad, la capacidad estética y artística de cada individuo) para habilitar su búsqueda individual y colectiva (liderada por si mismo) y así aproximarse a resolver lo que se llama la “problemática antropológica”, es decir, el procurar abordar la respuesta al sentido profundo de su vida. Es además un ejercicio desde la libertad y no adoctrinante, a diferencia de otras posibilidades que se ofrecen y que alienan dicha búsqueda. Para el gestor cultural, es también un enorme privilegio y una profunda responsabilidad.
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